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CAMPINGS MAJADAHONDA


MAJADAHONDA

Majadahonda, municipio madrileño situado a 16 km de la capital. Originariamente zona de cultivo y pastoreo. Durante la toma de Madrid en la Guerra Civil española fue escenario de duros combates. Actualmente la población ronda las 60.000 personas. Su expansión ha sido acelerada, como en todos los pueblos cercanos a la Comunidad de Madrid. Cuenta con gran cantidad de servicios y la presencia de bastantes empresas del sector terciario. El nacimiento de Majadahonda no está muy claro, aunque se cree que fueron unos pastores segovianos, allá por el siglo XIII, los que se asentaron en la zona y construyeron unas pocas cabañas.Algunos hallazgos arqueológicos, específicamente, la aparición de restos de un poblado romano-visigodo pueden servir para fundamentar la idea de que fue un lugar poblado desde mucho tiempo antes aunque quedara despoblado posteriormente. Fue en el siglo XVI cuando Majadahonda empieza a convertirse ya en una aldea en condiciones, con un censo de 400 habitantes. Algunos de ellos tenían como apellido Bravo, Montero, Rojas o Labrandero, apellidos que aún perduran en la localidad. A finales de este siglo ya existían casi doscientas viviendas, habitadas por unos 800 majariegos. Es interesante destacar como, en importantes obras literarias del siglo XVII, ya se hace mención de Majadahonda. Dos ejemplos de ello son la celebérrima creación de Miguel de Cervantes, "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" (Segunda parte, Capítulo XIX) o "El Buscón" de Francisco de Quevedo. El núcleo de la aldea era la plaza, alrededor de la cual estaban la Iglesia de Santa Catalina, un pequeño hospital y una modesta posada. El pueblo se alargaba a través de las calles San Roque, Real y El Cristo. En el siglo XVII se produjo un espectacular descenso de población, apenas superando el medio millar de habitantes tanto a principios como a finales de siglo. Se dice que entonces Majadahonda estuvo a punto de ser vendida, al igual que se hizo con Boadilla del Monte y Pozuelo de Aravaca (Pozuelo de Alarcón, después de la venta). No obstante, la protesta de los vecinos hizo efecto en el rey Felipe IV y la operación no fructificó. Con el cambio de dinastía, y ya entrados en el Siglo de las Luces, se produce un aumento demográfico considerable, hasta dejarlo en 800 vecinos según el censo de Floridablanca. La mayoría eran jornaleros, frente a una minoría de labradores ricos y hacendados forasteros. El pan y la leña, que vendían en Madrid, eran sus principales armas de comercio. Las relaciones con el rey Felipe V fueron entonces muy buenas, consiguiéndose incluso que se indemnizara a los majariegos con 3.000 reales al año por los daños que ocasionaba la caza en el monte del Pardo. A cambio, los habitantes de la aldea accedieron a que se cortase leña de su dehesa para cocer 600.000 ladrillos para construir el Palacio Real. La Gran Vía constituye un nuevo símbolo urbanístico de Majadahonda (Madrid). El siglo XIX no empezó con buen pie para los habitantes de Majadahonda. Las malas cosechas, la peste, y los efectos de las guerras, dejaron el pueblo casi desolado. En 1812, durante la Guerra de independencia española, las tropas de Wellington se enfrentaron a las francesas en Majadahonda, dejando todo prácticamente derruido. La desamortización eclesiástica y civil supuso la venta de mucho terreno, adquirido por oligarcas y nobles poderosos. Uno de ellos, el marqués de Remisa, construyó un apeadero de tren en su finca, debido a su posición en las compañías del ferrocarril. Éste es el origen de la actual estación de cercanías de la localidad. En el siglo XIX llegó la electricidad a Majadahonda, y con ella tiempos de prosperidad y ocio, empleado sobre todo en el Casino. Pero la Guerra Civil Española supuso un nuevo revés, y desde 1936 hasta 1939 no quedó un alma en Majadahonda. Los que regresaron al acabar la guerra se encontraron con un pueblo arrasado donde casi ningún edificio se tenía en pie. Entonces se construyó un nuevo pueblo, a ambos lados del Camino Ancho, diferenciando claramente el casco antiguo de tipo lineal del plano en cuadrícula. A lo largo de los años 60 se produjo un proceso de transformación urbana y crecimiento demográfico. Majadahonda abandona las actividades agrícolas y se convierte en lugar residencial y de servicios. La llegada de gente es tan masiva que se tienen que asfaltar las calles a la carrera, construir alcantarillado, crear escuelas y hospitales. En 1970 aparecen alrededor de la carretera del Plantío una serie de urbanizaciones de "ciudad jardín", con muchas ofertas de vivienda unifamiliar. Pronto surgirían las urbanizaciones en bloque abierto y las viviendas unifamiliares adosadas que predominan hoy en día. Los cambios políticos tienen fiel reflejo en Majadahonda, que vota a favor de la Constitución de 1978. En las primeras elecciones municipales, la vieja oligarquía pierde el poder, y se abre una nueva etapa en el Ayuntamiento. Desde la llegada de la democracia la ciudad no ha parado de crecer, hasta llegar a los 40.000 del año 2.000. La ciudad se he expandido en todas las direcciones, convirtiéndose en una de las localidades más ricas de toda la Comunidad de Madrid, siendo la tercera en renta per cápita. En Majadahonda se celebran fiestas en honor al Santisimo Cristo de los Remedios que se celebran sobre el 14 de Septiembre. También se honra a Santa Catalina y a la Virgen de la Soledad. Durante las fiestas era de tradición soltar toros por las calles, y actualmente es un municipio con bastantes aficionados y grandes recortadores. En Semana Santa se celebra "El Judas" un muñeco que es quemado delante del pueblo junto a fuegos artificiales. Durante Octubre se celebra la fiesta de las viejas, donde antiguamente se soltaban vaquillas y había corridas de toros, pero que con la devastación hacia los festejos populares de la localidad también ha sido suprimido.  





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Una buena elección para pasar unos días de asueto o vacaciones es acudir a un camping.

Se trata de establecimientos que ofrecen ventajas de tipo económico frente a estancias en hoteles, pensiones o apartamentos alquilados, sin mencionar el contacto directo con la naturaleza que permiten.

Sin embargo el hecho de que resulten más baratos que otro tipo de opciones de vacaciones no debe significar una merma de su calidad o un freno para poder reclamar activamente los derechos si no se respetan.

En España existen miles de campings que, sobre todo en verano, se llenan de gente dispuesta a disfrutar felizmente de su estancia en esos entornos. Una definición técnica de camping es esta: es aquel espacio o terreno acondicionado para facilitar la vida al aire libre, con fines turísticos, utilizando como residencia albergues móviles, tiendas de campaña, caravanas, etc...

Por propia definición se trata de un espacio público y por tanto debe ofrecer acceso libre a cualquier usuario, la discriminación no está permitida y si se procede a la expulsión o no admisión de alguien las causas deben estar fundamentadas, teniendo derecho el perjudicado a la reclamación pertinente ante las autoridades competentes.

Por ejemplo, un motivo para denegar la entrada a un camping es el incumplimiento de las normas elementales de higiene y convivencia, de esta forma esta razón autoriza a denunciar ante los encargados del camping a vecinos molestos.

Los campings son un lugar de esparcimiento y de diversión. La gente aprovecha estos económicos lugares para pasar sus vacaciones. Pero hay que respetar ciertas normas para evitar el caos y el descontrol, sobre todo en la época estival, cuando el tranquilo camping se transforma en un hormiguero de personas.

Ante todo hay que ser respetuosos con los demás.

Todos estos establecimientos deben tener un correcto equipamiento de papeleras, por supuesto atendidas con el debido tiempo para evitar los malos olores y los problemas sanitarios más graves.

También, el suministro de agua es muy importante.

Lavaderos para lavar la ropa, duchas y fuentes son imprescindibles al no tener agua corriente en la tienda de campaña.

Por supuesto, la seguridad es algo a tener en cuenta. El recinto debe estar vallado para evitar que gente no deseada o con malas intenciones lo tengan fácil. Dentro del propio camping deberán estar señalizados correctamente los viales, para evitar accidentes.

Ante todo, un mínimo de necesidades básicas que el propio camping debe suministrar a sus usuarios.

Los campings, como establecimientos públicos que son, deben cumplir una serie de obligaciones impuestas por el sector en cuanto a los servicios que deben prestar a los clientes. Por ello, se clasifican en cuatro categorías: lujo, 1ª, 2ª y 3ª, en función de los servicios ofrecidos. Para que el usuario pueda diferenciarlos se utiliza una placa o distintivo colocada a la entrada del camping. Si se trata de un camping de lujo éste tendrá dibujadas en la placa cuatro tiendas de campaña o triángulos que indican su categoría y deberá disponer de agua caliente en todos los servicios sanitarios generales y duchas, teléfono en cabinas individuales y cajas fuertes también individuales.

No obstante, independientemente de la clasificación que le corresponda, un camping debe garantizar los siguientes servicios:

- Vallado y cierre de protección.

- Vigilancia permanente.

- Suministro de agua, que debe asegurarse mediante depósitos con una capacidad de almacenamiento comprendida entre uno y tres días de máximo consumo de agua potable. Como mínimo la dotación será de 200 litros por parcela y día.

- Lavabos y duchas.

- Suministro de electricidad y toma de corriente para caravanas, así como alumbrado de emergencia.

- Tratamiento y evacuación de aguas residuales, que garantice el saneamiento de la utilización completa de las dimensiones del camping.

- Sistema de seguridad contra incendios. Para ello es necesario que el camping disponga de un extintor por cada veinte parcelas, de modo que no exista ninguna parcela a una distancia del extintor superior a treinta metros.

- Botiquín de primeros auxilios y asistencia médica concertada.

El usuario del camping tiene derecho a estar informado de los precios y tarifas establecidas para cada servicio. Por consiguiente, los precios deben permanecer a la vista del público, normalmente expuestos a la entrada del establecimiento, especificando claramente las modalidades y servicios. En la factura o justificante de pago debe aparecer un desglose de los conceptos por los cuales se ha pagado. Se abonará por estancia, por vehículo, por tienda y por cualquier otro servicio complementario que ofrezca el camping distinto a los obligatorios que han de estar incluidos en la estancia.

En cuanto a la estancia, se pagará una tarifa por cada persona (los niños hasta los diez años abonan un precio inferior) que comprende el uso de las instalaciones comunes. Con respecto a la tarifa de la tienda de campaña, ésta estará en función de su número de plazas.

Por otra parte, el campista puede hacer uso de las instalaciones y disfrutar de la naturaleza sin olvidar las medidas de seguridad y de conservación del medio ambiente. Por seguridad, se recomienda utilizar equipos de camping no inflamables y en el interior de la tienda de campaña no encender velas sino usar lámparas eléctricas para así evitar riesgos.